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Coaching: Habilidad, práctica y aprendizaje

Imagínate a tu hijo de 5 años recibiendo unas clases teóricas, con pizarra y plumón, de cómo funciona el cuerpo y cómo se mueven los brazos, las piernas, la cabeza, de cómo se respira, etc. Luego de intensas horas de clases teóricas el profesor te llama y te da la indicación de llevar y meter a tu hijo a la piscina olímpica ¿Cuáles serían sus sensaciones? ¿Crees que tu hijo está listo para nadar?  ¿Crees que esa es la mejor manera de enseñarle a un hijo ese deporte? Nadar es una habilidad que se aprende con la práctica. No digo que no se puedan impartir algunas “clases” sobre cómo funciona el cuerpo y cómo se nada. Probablemente el profesor pasaría algunos videos al respecto o llevaría a los alumnos a la piscina para que vean cómo los atletas nadan, respiran y mueven su cuerpo. Sin embargo, nada de esto se compara con la práctica misma del deporte. Es allí donde se aprende realmente. El profesor, como experto, observará al alumno y lo retroalimentará hasta que éste incorpore (in-corp, hacer parte del cuerpo) las mejores maneras de respirar, moverse, patalear, articular sus brazos, esto es, nadar. La clave de este proceso está justamente en el aprender. ¿Qué es aprender? Es el proceso a partir del cual somos capaces de adquirir conocimientos, habilidades y de modificar éstas. (http://www.definicionabc.com/comunicacion/aprender.php) Steven Covey, autor de varios best sellers como “Los 7 hábitos de la persona altamente efectiva” dice: “Si dices haber aprendido y sigues haciendo las mismas cosas, entonces no has aprendido”. Esta frase nos pone de manifiesto que gran parte del aprendizaje tiene que ver con el cuerpo. Es fundamental tener el conocimiento, pero el conocimiento es necesario pero no es suficiente para que se dé el aprendizaje. Existe la creencia en varios actores del sector educación de que el conocimiento lo es todo. Covey se opondría. El coaching es como la natación: es una habilidad. Por lo tanto, se desarrolla con la práctica. Los programas de formación en coaching más efectivos son aquellos que le dan mucho énfasis al desarrollo de la habilidad y por lo tanto requieren y promueven mucho el componente práctico de la misma. Más aún, los Colegios Profesionales de Coaching más exitosos como la ICI de Alemania, la ICF de EEUU, entre otras, reconocen que los mejores coaches son aquellos que muestran su capacidad en la práctica. Para recibir una acreditación del nivel más básico, estos gremios exigen alrededor de las 100 horas de práctica. La de nivel intermedio, 750 horas de práctica. La del más alto nivel, 2500 horas de práctica. Las escuelas formadoras de coaches más prestigiosas, aliadas con gremios certificadores internacionales, hacen énfasis en la formación eminentemente práctica de sus coaches. Reconocen que el coaching es una habilidad por encima de todo, que se desarrolla en la práctica y que incorporar conocimientos básicos es complementario.  Los mejores coaches son aquellos que han recibido una formación con énfasis en la práctica. Los mejores formadores de coaches son aquellos que tienen no sólo una gran experiencia como coaches en la práctica (ya sea en coaching de vida, de equipos y ejecutivo) sino que además tienen muchos años de experiencia formando coaches y han desarrollado metodologías de aprendizaje centradas en el alumno. Ser efectivo formando coaches también se desarrolla en la práctica. Fernando Gil SanguinetiPresidente, Asociación Peruana de CoachingManaging Partner, Jamming Escuela de Coaching y Desarrollo Organizacional

El coaching y la comunicación efectiva

El Coaching es el arte de apoyar el desarrollo de nuevas y mejores prácticas que hacen a alguien mejor persona. Esta definición de por sí comunica de manera muy efectiva la profunda vocación de un coach de servir al otro. Una de las grandes habilidades que un coach debe demostrar, sea éste jefe o profesional,  es su enorme capacidad de escucha. Un coach habla poco, pregunta y escucha mucho. Existen tres niveles de escucha siendo el tercero de ellos el que hace la comunicación más efectiva: El primer nivel es el escuchar al interior de uno mismo. Escuchamos las palabras de la otra persona, pero nuestra atención está puesta en el significado que ellas tienen para nosotros. Nos enfocamos en nuestros pensamientos, juicios y emociones. La pregunta es: ¿qué significa esto para mí? Se tiene un enorme deseo por obtener más información. La narrativa interna está al máximo nivel. Estamos pensando en la próxima frase que diremos y/o en la “pregunta perfecta”. El segundo nivel de escucha es cuando estamos enfocados en la otra persona: En su postura, sus palabras, sus expresiones, sus emociones. Nos damos cuenta de lo que el otro dice y de cómo lo dice. Logramos captar sus quiebres emocionales, sus expresiones de alegría, lo que valora. Tomamos conciencia de la perspectiva desde la que el otro mira. El coach actúa de espejo, reflejando y devolviéndole al coachee lo que recibe de él o ella. Aquí estamos al máximo nivel de empatía, clarificación (“chequeamos” permanentemente lo que percibimos) y colaboración. En este nivel de escucha decidimos qué responder y cómo responder. En el tercer nivel de escucha: El coach está consciente de lo que ve, lo que escucha, lo que siente y lo que huele. Está presente para la acción, la inacción y la interacción. Es la escucha desde la intuición, desde lo no observable y el uso de esa información para reflejar la experiencia con el coachee. Es la confianza en todos los sentidos. Es la escucha desde el soma: intervienen el cuerpo, la mente, la emoción y el espíritu al escuchar. El primer paso para la escucha activa es la curiosidad y para ello el coach hace preguntas poderosas que hacen reflexionar al coachee.  Cada pregunta impacta de manera distinta dependiendo del momento reflexivo en que se encuentra la persona. Lo importante no es lo que pregunta el coach si no lo que responda el coachee. El coach tiene que estar presente para identificar la pregunta más adecuada dadas las circunstancias emocionales, las posturas corporales, el lenguaje verbal y no verbal del coachee. Un coach ayuda a la toma de conciencia. Lo hace utilizando herramientas, preguntas, hipótesis y dando feedback que ayudan al coachee a descubrir creencias limitantes detrás de aquellas prácticas que le impiden ser mejor persona; a tomar conciencia de algunos patrones o sistemas mentales, emocionales, espirituales y corporales destructivos e inclusive auto destructivos. La toma de conciencia es el primer paso para el cambio y la transformación.  Sin toma de conciencia, la persona no sabe por qué tiene que cambiar, ni para qué. Un coach efectivo tiene la capacidad de expresar lo que piensa y lo que siente y servir de espejo del coachee. Tiene la capacidad para reflejar y entablar conversaciones difíciles sobre el desempeño y las conductas poco apropiadas o que le pueden llevar a espacios de inefectividad al coachee. El coach tiene la capacidad de dar feedback constructivo para ayudar a la toma de conciencia y la mejora en el desempeño del otro. Sólo en un afán de servir al otro es que la comunicación puede ser tan honesta. Esa honestidad hace que la comunicación sea la más efectiva: el Coaching la genera. Fernando Gil Sanguineti Presidente, Asociación Peruana de Coaching Managing Partner, Jamming Escuela de Coaching y Desarrollo Organizacional

Equilibrio emocional: ¿tolerancia, aceptación o compasión?

Hace poco una persona me consultó sobre algunas técnicas o herramientas para mejorar la tolerancia.  No hay pregunta más difícil, dado que los cambios conductuales relacionados con esta mejora están directamente vinculados a las creencias de cada individuo. Las técnicas o herramientas más efectivas parten por la identificación y desmontaje de creencias limitantes. Están vinculadas con el cambio de la concepción que se tiene sobre la existencia humana, el tipo de observador, lo que creemos que es la realidad,  la verdad, etc. La tolerancia,  la aceptación y la compasión reflejan tres niveles de madurez en el observador. La tolerancia es un estado en el que el individuo ha logrado desarrollar la paciencia y está en un estado de cierto equilibrio y paz que le permiten manejar situaciones complejas de manera más o menos acertada. Sin embargo, las personas tolerantes suelen estar en un espacio emocional de relativa o poca humildad.  Cuando algo que no encaja con la “verdad” (su verdad), desde un estado de superioridad, “le dan permiso” al otro a estar equivocado, lo toleran. Le tienen paciencia. Entonces, ¿qué ocurre cuando esa persona no está en un estado de cierto equilibrio o paz emocional? La respuestas es que pierden la compostura, deciden no tolerar, esto es, no le permiten al otro “equivocarse, pensar distinto, cometer errores”, etc. Es decir, pierde  la paciencia. La tolerancia está supeditada, entonces,  a las emociones. Por otro lado, la aceptación representa un estado de mayor madurez emocional y espiritual. Ocurre cuando el nivel de conciencia del individuo ha aumentado considerablemente.  Es un espacio de mayor racionalidad en el que se reconoce que hay más de una perspectiva de la vida, que pueden haber percepciones, interpretaciones y puntos de vista distintos, que hay diferentes formas de pensar y hacer las cosas. En este estado, cuando el otro piensa distinto la persona se enfoca en el objetivo final, en el bien común, en los valores compartidos, en conservar la relación y se abre a un mundo de posibilidades y perspectivas recordando que en el trabajo conjunto o en equipo mientras los “qué” y los valores se alcancen y respeten y los criterios de se mantengan, entonces los “cómos” son de cierta manera irrelevantes. Éste es un estado de apertura, curiosidad y profundo deseo de aprender: ¿habrá una manera más efectiva de alcanzar el objetivo que la mía? Como resultado de ello, acepto que el otro pueda tener un punto de vista distinto, me alineo a su propuesta, me involucro y la hago mía.  La aceptación también exige compartir su perspectiva y hacerse y sentirse escuchado por el otro. Me valoro a mí mismo reconociendo que mi perspectiva aporta. Tengo consideración por el otro al reconocer y escuchar su propuesta.  Con esta postura en la vida muchas veces las personas involucradas encuentran una tercera alternativa que no es la de uno ni la del otro sino la conjunta. En estas circunstancias, la tranquilidad y paz emocional promueven una racionalidad y conductas sumamente adecuadas.  En este proceso la persona habrá desarrollado la aceptación. El tercer nivel de madurez es el de la compasión. Para que ésta ocurra es necesario que el nivel de conciencia del individuo tenga la capacidad de reconocer la razón de existir del ser humano; que estamos en esta Escuela de Aprendizaje llamada  Tierra; que somos “seres espirituales viviendo una experiencia humana”; que más allá de lo que observamos, “la presencia divina que hay en mí reconoce la presencia divina que hay en ti” (Namasté). Una manera complementaria de alcanzar este estado es conociendo a profundidad lo que le ha tocado vivir al otro en su infancia,  adolescencia, pre-adultez y en general en su vida. ¿Qué experiencias extraordinarias hacen a este ser humano que tengo al frente lo que es? ¿Qué experiencias traumáticas ha tenido? ¿Cómo esas experiencias lo hacen el ser que es? ¿Qué luchas está viviendo actualmente desde el ser en que se ha constituido producto de su pasado? ¿Cómo se aplican estas mismas preguntas a mí? ¿Qué experiencias extraordinarias me hacen el ser humano que soy hoy? ¿Qué experiencias traumáticas he tenido? ¿Cómo esas experiencias me hacen el ser que soy? ¿Qué luchas estoy viviendo actualmente desde el ser en que me he constituido producto de mi pasado?  Y cuando me veo en esa experiencia de aprendizaje,  razón de nuestra existencia, cuando veo al otro en esa misma experiencia;  cuando reconozco mis experiencias y mis cualidades excepcionales y las del otro. Cuando dejo de culparme y de culpar a otros; cuando veo a mis antecesores haciendo las cosas lo mejor que podían desde su estado de conciencia,  desde su proceso de aprendizaje y desde su definición de amor incondicional. Y cuando, además, me imagino y reflexiono todo, me invade una profunda emoción, una energía especial,  una capacidad y conexión única con la creación y con el otro,  con mi Ser Espiritual, con lo Divino.  En ese momento surge en mí la compasión, con-pasión; la pasión conjunta. Un estado emocional,  racional, espiritual,  energético,  de conexión con el entorno que me lleva a conductas extraordinariamente somáticas. Expresiones de un corazón sano, de un legado, del Dios que está en mí. Fernando Gil Sanguineti Autor  

Reflexiones sobre el desarrollo personal y aprendizaje

  El proceso de desarrollo humano tiene tres etapas. La primera de ellas es la toma de conciencia, la segunda es el diseño de un plan de acción de las nuevas conductas a incorporar (in-corporar, hacer parte del cuerpo) y la tercera es el desarrollo del nuevo hábito que surge cuando la persona pone en práctica (practica un número importante de veces) el nuevo comportamiento. Cuando uno pone en práctica el plan producto de la toma de conciencia y desarrolla el hábito recién se puede decir que la persona ha aprendido. La adquisición de conocimiento y de información no son aprendizaje. Como mucho, toma de conciencia. Son tres los niveles de aprendizaje de un ser humano. – El primero de ellos ocurre en la vida misma, actuando y haciendo las cosas cotidianas (personales y laborales) en las que se involucra producto de sus decisiones y lo que le demandan otras personas o circunstancias. Uno aprende en la práctica. – El segundo nivel de aprendizaje es aquél en el que la persona reflexiona ‘observándose’ a sí misma actuar. Es como si se subiera a un balcón y desde allí evaluara su accionar. Al hacerlo puede diseñar planes de cambio, desarrollo y mejora, implementarlos y aprender. A este tipo de aprendizaje se le llama cambio adaptativo o simplemente cambio. Desde aquí se genera la mejora continua. – El tercer nivel de aprendizaje es aquél en el que el individuo ‘observa’ al observador, esto es, se queda analizando, evaluando, observando los paradigmas, creencias, mapas, per-conceptos, criterios que utiliza para observar su conducta. A este tipo de aprendizaje se llama cambio transformacional o transformación. Demás está decir que este tercer nivel de aprendizaje es mucho más profundo y duradero. Transforma al observador y la manera de observar. Empata profundamente en el accionar del individuo. Desde aquí se genera la innovación. Hay una serie de creencias o supuestos que gobiernan actualmente el accionar de la humanidad que podrían ser cuestionadas, sobre todo si no nos ayudan a tener una presencia socialmente más justa, ambientalmente sostenible y de realización plena. Una de la que me gustaría abordar ahora es la de la muerte. Nadie cuestiona si la muerte es una creencia cierta o falsa. Es cierta si creemos que la esencia de todo ser (humano) es el cuerpo y que la existencia en la tierra y ésta que nos ha tocado vivir es la única. Partamos ahora del supuesto de que los seres (humanos) en esencia somos energía. Demás está decir que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma (trans-forma, cambio de forma). Si esto es cierto, los seres (humanos) no dejamos de existir nunca, sólo nos trans-formamos, no morimos nunca. ¿Cómo cambiaría tu vida si este ‘nuevo’ supuesto fuera cierto? Si somos energía, ¿para qué hemos venido a este mundo? ¿Para qué hemos asumido esta forma? Esto nos devuelve a las reflexiones iniciales en torno al aprendizaje (ver artículos anteriores en Transformando Talento). Como lo dije en publicaciones anteriores, la tierra es una escuela de aprendizaje, que tiene una malla curricular de ‘cursos’ (experiencias, circunstancias, relaciones, comportamientos, etc.) en los que tenemos que aprender algo. En esta vida, y desde que nacimos, ya estaba marcada la malla curricular básica, con algunos electivos. Otros cursos se van añadiendo a medida que avanzamos. Más vale que en esta vida logremos aprender y aprobar todos los cursos que nos han asignado. Caso contrario nos los llevaremos a nuestra próxima vida, cuando nuestra esencia energética como seres se trans-forme. Desde esta perspectiva, otra creencia que se alinea con esta reflexión y que me gustaría cuestionar para luego integrarlas, es el que nuestros padres nos escogieron para ser sus hijos. Nosotros como seres energéticos, para aprender lo que nos toca aprender en esta vida, a la hora de la concepción, decidimos quiénes serían nuestros padres. Nuestros padres son aquellos que escogimos porque serían y nos pondrían las circunstancias necesarias para que podamos aprender lo que vinimos a aprender. El lugar donde nacimos, las circunstancias que nos tocan vivir, la manera como nuestros padres se comportan, lo que hacen, nos hacen, hacen entre ellos, sus conductas; todo ello lo hemos escogido para que nos ocurra lo que nos tiene que ocurrir. Son los ‘cursos’ de la malla curricular de esa escuela de aprendizaje que se llama tierra. Si integramos  e in-corporamos estas reflexiones en torno a estos dos supuestos o creencias nos daremos cuenta de que algunas conductas en nosotros podrían desaparecer. Mencionemos algunas: 1. Ya no me puedo quejar. Uno sólo se queja de lo que otros hacen y que no está bien. Pero si yo decidí escoger a mis padres, sus contextos y circunstancias, yo soy responsable de todo lo que me ocurre, y lo que me ocurre tiene sentido: mi aprendizaje, sanar lo que no he sanado hasta ahora. 2. Ya no me puedo victimizar. No soy la víctima de lo que otros hacen, ni de lo que me ha tocado vivir, ni de lo que ocurre a mi alrededor. Todo eso lo escogí yo, fue mi decisión energética en el momento de ser concebido. Es parte de mi malla curricular. Puedo transformar todo ello, hacer que cambie, influir, liderar, impactar o me quedo como víctima de las circunstancias esperando a que alguien me lo solucione. 3. Ya no puedo culpar. Si la circunstancia se nos repite, es que todavía no hemos aprendido. A veces he escuchado y también he dicho “¿por qué a mí?”, “¿por qué se me repite esto?”. La respuesta es muy clara. Yo escogí que así fuera. Si se me repite es porque me están dando una nueva oportunidad para aprender de esas circunstancias. Si intentamos recordar circunstancias en las que nos hemos quejado, victimizado o hemos culpado a alguien o cómo en la sociedad actual estas tres conductas y las creencias subyacentes están presentes entre los seres humanos y cómo no ayudan a gestar una presencia humana socialmente justa, ambientalmente sostenible y de realización plena en la tierra, entenderemos que las dos creencias presentadas para la reflexión y el análisis líneas arriba no contribuyen a nuestro proceso de aprendizaje ni construyen aquello para lo que

Las ventajas del Coaching vocacional

Para quienes tienen dudas de qué carrera profesional es congruente con sus habilidades y expectativas, les damos a conocer las ventajas de acceder a una metodología interesante que facilita la toma de decisión para encontrar su verdadera vocación: El coaching vocacional es una alternativa distinta a otras propuestas de orientación vocacional que hay en el mercado. La metodología que utiliza el coaching trabaja en base a la introspección, es decir a una mirada interior, se realizan preguntas y aprendizajes autogenerados en los adolescentes para facilitar un mejor proceso de toma de decisiones con respecto a su verdadera vocación y la elección del qué estudiar y qué camino seguir en la profesión y en la vida, señala Fernando Gil Sanllehí, Gerente General del Jamming, Escuela de Coaching, Desarrollo Organizacional y PNL. A diferencia de los test vocacionales o talleres vivenciales, el coaching vocacional aporta a la toma de decisiones desde un enfoque distinto, acude al más alto nivel de conciencia, parte de una batería “potente” de peguntas y no desde la sugerencia como lo hacen los tests o la mayoría de talleres vivenciales. “No le decimos qué tienen que estudiar, sino vamos a trabajar en su autoconocimiento de manera integral, ayudar a que obtengan la información que necesiten, y que en base a eso puedan tomar una decisión más consciente sabiendo los pros y contras de la misma para que puedan tener las previsiones del caso mientras avanzan en la vida. Abrimos un espacio de comunicación fluida y profunda entre el adolescente, su entorno cercano, medios disponibles y consigo mismo”, enfatiza el especialista de Jamming. Hay dos tipos de habilidades, las innatas y las aprendidas, el primer paso tras identificar las habilidades es poder reconocer cuáles son innatas y cuáles son aprendidas, después de ello conectarlas con los valores que tiene el adolescente/individuo y reflexionar sobre el presente y futuro de estos tres componentes. Obtener información de las carreras y las habilidades que se necesitan para las mismas y entender no solo el quehacer genérico de cada profesión, sino también el funcionamiento del día a día de ellas,  esto es clave. Con ello se tiene un mapa de perspectivas, pros y contras que permite hacer un alineamiento con respecto a las habilidades innatas, aprendidas y valores del adolescente/individuo. Con ello tendrán una visión clara de las opciones, caminos a seguir y los obstáculos inherentes a cada uno de ellos. Para la decisión de qué carrera estudiar también es importante tomar en cuenta las carreras que ofrecen las universidades, las necesidades del mercado y las expectativas salariales una vez egresado pero también creemos que además de esto, lo que va a asegurar la felicidad y constancia en el trabajo a largo plazo es el autoconocimiento de los valores individuales y las habilidades naturales de las personas. Lo que uno debe buscar es una profesión que se adecue a sus expectativas de acuerdo a la potencialidad de cada individuo, esto permitirá que los beneficios sean no solamente monetarios sino también en aprendizaje, experiencia, ayuda a la sociedad, felicidad y que cumpla con el sentido de propósito del individuo. “Me atrevería a decir que las dudas vocacionales nos acompañan durante toda la vida, lo distinto en cada persona es el grado en el que uno está convencido de que ha encontrado su vocación. En el día a día nos encontramos tanto con jóvenes de 15 o 16 años que no saben qué estudiar y les toca empezar la universidad próximamente, pero también vemos a exitosos ejecutivos que no se sienten plenos con la carrera o profesión que han elegido y desarrollan. En cambio en otros fluyen  y los llena plenamente y trabajan felices el día a día. Hay un antiguo dicho del filósofo chino Confucio que dice » Elige un trabajo que ames, y no tendrás que trabajar nunca más en tu vida», es eso lo que buscamos lograr desde el coaching vocional y el resto de servicios que brindamos en Jamming” concluye Fernando Gil Sanllehí.

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